Madison Ivy en un día soleado

Musa del Sol

 

Ropa interior blanca con rayas claritas de color rosa que la cruzan en diagonal y volante en la parte de arriba para resaltar sus ya magestuosos pechos. Tacones pleteados con brillantes que se sujetan a su tobillo y dejan ver las puntas de sus dedos.

Así de ligerita se presenta nuestra Diosa en un día soleado.

Con el cabello castaño y mechas que simulan la pasión que desprende con su belleza. Liso en su inicio y rizandose a la vez que cae por el hombro y recorre su espalda. Ojos de tigre y azulados. Labios con una textura visiblemente suave, pidiendo a gritos un beso intenso y lleno de pasión. En un tono rojo claro. Para que el protagonismo sea generalizado, sin llamar totalmente la atención, que bien podría haberlo hecho escogiendo un rojo intenso. Tocarlo con las llemas de los dedos corazón e índice es un deseo díficil de contener.

Recorremos el labio superior de derecha a izquierda y volvemos de izquierda a derecha por el labio inferior, deslizando nuestros dos dedos con delicadeza. Los sentimos y saboreamos para comenzar a bajar. Movemos nuestros dedos por un cuerpo perfecto y delicado. Prestando atención por donde nos movemos y disfrutando de cada centrímetro que se recorre. Pasamos el mentón y recorremos el cuello. Con suavidad. Dejamos una “montaña” a cada lado y continuamos nuestro camino haciendo un gran esfuerzo por no poner nuestras palmas de las manos completamente abiertas para después cerrarlas sobre sus… mejor seguimos. Llegamos al ombligo, decorado con un piercing plateado a juego con los tacones. Sujeto al inicio con una bolita que con cuidado atraviesa su precioso cuerpo para ir bajando hasta cubrirlo por completo.

Sigamos bajando, sin pausa, pero sobre todo sin prisa. Disfrutando de lo que viene. Bien nos gustaría continuar en línea recta y toparnos con la fruta sagrada. Pero debemos continuar y deslizarnos por una de sus piernas. Disfrutando centímetro a centímetro, segundo a segundo, cachito a cachito cada parte de su cuerpo. Atravesamos el muslo sin sentir nada que no sea su suave piel. La máxima extensión de su cuerpo en completa línea recta, hay que poner los cinco sentidos. Palpamos la rodilla con delicadeza, ligeramente flexionada, con sólamente la llema de los dedos sentimos su tacto liso y sin ninguna imperfección. Para seguir hasta el final que se aproxima. Llegamos al pequeño y maravilloso pie, que se encuentra rodeado por un tacón dorado, que brilla y recuerda que estamos tocando a un diamante.

Un paseo por uno de los cuerpos más perfectos del planeta. ¡Disfrútenlo!

Comenta a esta Musa:

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s